lunes, 28 de junio de 2010
Promiscuidad y cuernos
Hace poco escribí un post sobre la razones por la que las sociedades, es decir, los hombres, encierran a las mujeres tras velos, rejas, celosías y gineceos. La conclusión a que llegaba entonces era que sexualidad y posesión son las razones dominantes. Ahora, después de la lectura de este libro, veo que, como no podía ser de otra manera, el tema tiene raíces genéticas.
La preocupación por la paternidad de su hijos se halla profundamente arraigada en el psiquismo del macho o, mejor dicho, en sus genes. No habría preocupación por la paternidad si las hembras fueran siempre fieles, pero no lo son.
El riesgo de que a uno le pongan los cuernos, el impulso a ser infiel y la necesidad de reproducirse han abierto no sólo una caja de Pandora sino todo un conjunto de ellas. Los costes de ser un cornudo son considerables. El éxito reproductivo de un macho se reduce si invierte tiempo y energía criando a hijos que no son suyos y malgasta recursos que podrían haberse usado para promover sus propios genes o garantizar el éxito reproductivo en otra parte.
Lectura recomendada: Promiscuidad por Tim Birkhead.
(Ver este artículo en inglés)
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